23 de marzo de 2014

Volarás

Despiertas aturdida, entre sudores fríos y sueños intercalados. Subes de espaldas a una báscula. Mejor no conocer la realidad, a veces es mejor vivir con los ojos cerrados. Caminas hacia el salón. Saludos vacíos, sin demasiado sentido. Recordar que tengo que olvidarte, un día más, otro menos para seguir con esto. Enciendes un cigarrillo entre bostezos y sollozos. Tu cuerpo apenas responde a cada gesto. Automatizas cada movimiento. Soledad entre la gente. Pesadillas compartidas. Hagamos una senda diferente. Tu mente vuelve a traicionarte. Te grita esa palabra que tanto detestaste desde los once años. Desde que vives presa en una libertad que no entiendes. Tu cárcel eres tú. Tus pensamientos. Y esa eres tú. Llorando al otro lado de un espejo que no te refleja. Soñando con siluetas que fuiste y no veías. Se acerca una de las horas que temes, lo advierte el temblor de tus piernas. Te vistes con desgana mientras charlas contigo misma, diciéndote que hoy es el día clave, que todo será diferente. Te sientas frente a tu castigo, tu sustento, tu alimento. Pero para ti no lo es. Fumas y tu mente maquina, se inquieta. Tus manos comienzan a funcionar con lentitud. Sientes que te pesan. Quieres escapar pero no tienes escapatoria. Cierras los ojos y te preguntas cómo salir del laberinto en que entraste, dónde está la maldita salida. ¿En qué momento guardamos las muñecas y las cambiamos por básculas? ¿Cuándo dejamos de escribir cartas a los reyes magos para empezar a contar calorías? ¿Dónde quedó nuestra inocencia? No quisiste crecer y encerraste en el armario la niña que un día reía para ser un saco de huesos triste y taciturno. Tu almohada guarda cada una de tus lágrimas a media noche. En un rincón de tu corazón maltrecho sigue esperando esa pequeña ilusión de antaño en que construías castillos de naipes para luego deshacerlos, en que canturreabas canciones sin miedo, en que no importaba merendar leche con galletas y sentarse a ver la televisión. Tal vez si cierras los ojos, fuerte, encuentres el modo de llegar hasta lo que te hizo dejar de querer ser lo que nunca quisiste ser y empiezas a ser lo que realmente mereces ser. Te aseguro que no es esto. Que mereces más. Que hay una vida mejor, más amable. Con lágrimas, sí, pero también con sonrisas, las que no te entrega esto. Que el día a día puede ser difícil, puedes querer un día mandarlo todo a la mierda, pero habrá otros momentos en que veas a los tuyos y todo tenga sentido de nuevo. Ellos, compañeros involuntarios de nuestra batalla, de esta guerra absurda contra nosotras mismas. Quizás así puedas sonreír a tu reflejo, quizás así puedas recuperar ese instante de felicidad en que tus ojos brillaban. Y tal vez así vueles con tus propias alas.

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